En la definición clásica, medir significa
“asignar números, símbolos o valores a las propiedades de objetos o eventos de
acuerdo con reglas”.
Pero esta definición es más apropiada para las
ciencias físicas que para las ciencias sociales, ya que varios de los fenómenos
que son medidos en éstas no pueden caracterizarse como objetos (cosas que
pueden verse o tocarse) o eventos (resultado, consecuencia o producto), son
demasiado abstractos para ello.
Entonces, es más adecuado definir la medición como
“el proceso de vincular conceptos abstractos con indicadores empíricos”, el
cual se realiza mediante un plan explícito y organizado para clasificar y cuantificar
los datos disponibles en términos del concepto que el
investigador tiene en mente.
En este proceso, el instrumento de medición o de recolección de datos
tiene un papel central. Sin él, no hay observaciones clasificadas.
Un instrumento
de medición es aquel que registra datos observables que representan verdaderamente
las variables que el investigador tiene en mente.
En toda investigación cuantitativa aplicamos un
instrumento para medir las variables contenidas en las hipótesis y cuando no
hay hipótesis simplemente para medir las variables. Esa medición es eficaz cuando el instrumento de recolección de datos en
realidad representa las variables. Si no es así, nuestra medición es
deficiente; por tanto, la investigación no es digna de tomarse en cuenta. Desde
luego, no hay medición perfecta.
Temas relacionados:
Fuente:
HERNÁNDEZ
SAMPIERI, Roberto; FERNANDEZ COLLADO, Carlos y
BAPTISTA LUCIO, María. METODOLOGÍA
DE LA INVESTIGACIÓN (6ta edición). McGraw-Hill / Interamericana Editores
S.A. México, 2014. Pág. 199 – 200.
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